viernes, octubre 16, 2009

Cuando un sueño habla...

REVELA EL ANHELO DE TU CORAZÓN




Sueño con que tu aroma acaricie mi corazón
y lo haga latir sincronizado al tuyo.

Sueño con que tu perfume encienda mis cinco sentidos
y un sexto quede dormido para nunca dudar ni de ti ni conmigo.

Sueño con que tu fragancia cale hondo en mi alma
y que mi belleza sea la esencia de tu amor.

Sueño con el día en que Dios me convierta en la heroína de tu historia,
en el personaje irremplazable de tu aventura.

Sueño con tus manos, fuertes y ásperas,
que defiendan nuestro nido en la batalla o castiguen a quien lo intente destruir.

Sueño con tus ojos, transparentes y cálidos,
que me hagan caer en un hoyo hasta tu corazón sintiendo tu alma conectada a la mía.

Sueño con tu boca, perfecta y misteriosa,
que pronuncie el amor, la perfecta realidad y nos haga vivir, siempre, de verdad.

Sueño con tu pelo, brillante como el sol, que baile al viento,
ese viento que anhelo respirar solo contigo y que, cuando me pierda, me lleve de nuevo a ti.

Sueño con tu amor, con que me ames eternamente y me corones tu reina,
la reina de tu vida o tu vida misma.

Sueño...
porque toda mujer sueña con ser amada…
y todo hombre con una mujer por rescatar.

εϊз Inspired by Captivating.




miércoles, setiembre 02, 2009

Sobre mentiras y mentirosos


[ Él mintió ]




Él mintió
No cumplió su palabra y no me buscó
Su silencio mató todo aquel sentimiento que jugaba a hacerse real
Su pasado siempre latió en su presente
Su presente fui yo pero su futuro otra más.

Él mintió
Sus labios pronunciaron patrañas que intentaron sonar a verdad
Pero cuando se unieron a los míos
Candentes y expectantes
Se olvidaron de qué era hablar o pensar.

Él mintió
Mientras sus ojos inspiraron mi sueño más real
Sus manos tocaron la fibra sensible de mi corazón
Y su boca dibujó mariposas en el lienzo sedoso de mi desnudez.

Él mintió
Dejó la luz prendida y un semáforo en ámbar
En una pista con un solo peatón: yo
Jugó a ser maduro y dejar la idiotez
Pero su polarizado corazón nunca se dejó ver.

Él mintió
Nunca dejó que lo adorara pero él si me adoró
Con canciones, poemas y novelas que me dedicó
Desde ese ayer atormenta mis sueños y lo peor
Es que despierto de muy buen humor
Aunque no lo haya vuelto a ver.

Él mintió
Fue el rey de las historias creadas
Solo para excusar su descontrol
Aunque en público se controló
Solo porque lo nuestro era un montaje
Simple y complicado montaje.

Él mintió
En su mirada la decepción era la única que se reflejaba
Llegué a pensar que se sentía solo
Y cerraba los ojos y con su boca me demostraba que no era eso
Era la caprichosa locura que moría por derretir a la soledad.

Él mintió
Me dijo que no se podía vivir del amor
Que cuatro letras no valían lo que siete sí
Y ahora pienso: ¿para qué perseguir su amor?
Sin él estoy bien pero sé que conmigo él estaría mejor.

Él mintió
Me empujó hacia una maratón que no tiene cuando acabar
Cada mañana cada noche, siempre igual.
Hizo su elección y a las semanas rebobinó su grabado corazón
Fue tarde...

Él mintió
Estaba presente: reía, me besaba, cantaba y me abrazaba.
Era feliz
Feliz él conmigo y yo con él
Feliz durante una estación que para ambos fue un amor.

Él mintió
Gritaba, se ofuscaba, encolerizaba y volvía a gritar
Desesperado pedía perdón
Su sonrisa y sus labios eran su mejor arma de persuasión
Bendito tramposo.

Él mintió
Deseaba llegar cansado al ocaso de nuestro encuentro
No quería soñar con un futuro
Ni pensar en un formalismo que pondría fin a nuestra historia
Porque detrás de ella se escondía a dos amigos.

Él mintió
Nunca dijo que me pertenecía
Nunca dijo que sin mí se moría
Mientras que yo se lo repetía
En el lenguaje de gestos y señales
Mudos y tontos los dos.

Él mintió
Y todo murió entre los dos
Y todo se derrumbó alrededor
Dejándonos desnudos
Sin mentiras y con recuerdos
Con verdades y sin sueños

Él mintió
Me empecino en creer
Que fue él quien mintió
Porque la mentirosa
Fui yo.

Él no mintió
No me dijo que amaba
Simplemente, porque no era verdad.

εϊз Inspired by Alguna que otra canción.



domingo, agosto 02, 2009

Mi regalo

[A mi amiga con cariño]
Nuestra querida Cristina nació un nublado 2 de agosto de… ¡ALTO!
Esto no es una cursi y aburrida biografía de anuario escolar. No querida amiga. Esta es la más sencilla manera de recorrer nuestras memorias en función de tus años. Esos años que hoy celebras y de los que no te avergüenzas. Esos años que te han enseñado mucho más que una clase universitaria, en los que aprendiste a caminar por diversión, a hablar por necesidad, a leer por curiosidad, a contar por orgullo, a sumar por ambición, a restar por dolor, a escuchar por voluntad, a bailar por regocijo, a soñar por ilusión, a besar por explorar, a vivir por puro gusto y a disfrutar de cada 365 días nuevos sin temor a las arrugas, a las patas de gallo o a las líneas de expresión.

Este es mi regalo desde la distancia, desde aquí te lo envío gracias al único que, en oportunidades como esta, me salva. Porque ya no tengo más sede en tu ciudad, ni un mensajero desinteresado ni un delivery gracias a alguna tarjeta plástica, la única que tengo no es visa y mentira que para todo lo demás existe mastercard, a la hora de la hora sales más endeudada que ni esta te salva.

Te recuerdo delgada, callada y un poco tímida. Te recuerdo sincera, fresca y parlanchina solo entre chicas. Te recuerdo misteriosa, no muy alta pero sí rubia. Te recuerdo burlona, rajona y muchísimas veces esto sí es divertido. Te recuerdo invitándome papita a la huancaína, pidiéndome un sorbo de gaseosa o contándome la última noticia.

Recuerdo un suspiro disimulado acompañado por la mejor cara de ñosa ante la desatenta presencia de un “apapachador” amigo que, debo confesar, estaba (en sus épocas mozas) más bueno que el pan con palta.

Recuerdo una botella –ajena- de mexicanísimo tequila vaciada por completo, terminó tan vacía que parecía nueva (llena) o recién comprada para ser llenada. Fue cobrado hasta el impuesto, fue quitado hasta el último centímetro cúbico, pagó por algo guardado en algún recoveco de tu alma. Luego fue el turno de la jarra de jugo mágico y la platea no pudo hacer nada, solo reír, lo que mejor sabemos hacer.

No recuerdo el día, tampoco la ocasión. Solo recuerdo un par de lentes empañados por escurridiza gaseosa que fue interrumpida por un ataque de risa, en su camino hacia tu alocado estómago. La lección fue aprendida: nunca hacerte reír cuando estés tomando líquidos. Aquí entre nos, a mí me pasó más de una vez. No tuve la suerte de ser víctima de risas ajenas, más bien fui “multada” por mi general. Alégrate que nosotras solo reímos. Siempre reímos.

“… te fuiste de mi lado sin dejarme ninguna explicación. No te importó si yo comía o sufría o se partía en dos mi corazón… Yo pensé que solamente tú eras mío y yo te lo di todo, malagradecido…” Quien nos conoce a ambas y lea esto sabrá a qué me refiero. Quien no, se lo imaginará. Tu desilusión fue la primera, tu dolor fue mi coraje y tus lágrimas mi rencor. En el sufrimiento: hermanas.

No me importa tu ambigua relación con las fotos. Ese amor-odio que les tienes, a veces, me desquicia, pero como todo entre nosotras: pasa. No puedo recortarte si sales muy junto a mí. No puedo borrarte porque mi arcaico ordenador no tolera algún decente programa de fotografía. Lo que puedo hacer es taparte. Eso lo hago, digitalmente, bastante bien.

“[de] Los niños se enamoran es muy cierto…” dice Pedrito, MI Pedrito, Suárez-Vertiz. Y eso tú lo has demostrado científicamente. En eso somos mentes (y corazones) gemelas. Somos francotiradoras francamente abusivas. ¿Esto está penado por la ley? Porque nuestro ojo pone la bala… ¿o debería decir: el corazón? Besar a quien se ama no es pecado, dicen por ahí.

Inocencia. Pureza. Inexperiencia. Candidez. ALTO. Mentir es pecar. Sabes salir, sabes bailar y, sobre todo, sabes moverte cual odalisca en el más viejo arte “lingüístico” que la humanidad conozca. Por algo en tu chapa de LocaCola salió el número uno de entre ocho chapas de la
Industria Doble K.

“Ansío el momento de tenerte encima, quisiera estar adentro de tu cuerpo caníbal. Me encanta(ría) tocarte, quitarte la ropa, mirarte mientras bailas de lujuria es tu boca… A mi me gusta(ría) hacerte el amor no me interesa que se pierda tu inocencia vulgar…” Tan comentada y rajada invitación. Cándidamente confundimos la canción “Cinco letras” con una de ocho: "El parque". Pero seremos cándidas solo por segundos. A nosotras nadie nos engaña. Aún así, momento para el recuerdo.

Recuerdo que tienes debilidad por tus amigos. Los cuidas más que novia celosa y posesiva. Desde tus azoteas vigilas su andar y su despertar. Toleras a las enamoradas así como toleras un grano en el medio de tu frente. A más de una quisieras escogerlas a tu gusto y paciencia. Pero, para las íntimas, preparas el catálogo de temporada y no paras hasta provocar que yo saque mi cuchillo.

Tu alter ego se llama Abencia Menza, eres amiga de La Muñequita inflable y de la Angie Cepela del folklore, cantas con Sonia Molares, odias a Dina Pancha y amas a Alicia Delgada.

Y yo, si te digo que te quiero, miento. A las mejores amigas se les ama, porque son las hermanas que se escogen, las confidentes que se ganan y el soporte necesario para siempre saber que, si se llora o se cae, habrá alguien que seque tus lágrimas con un kleenex o alguien que te ayudará a ponerte de pie cuando no tengas fuerzas para hacerlo tú sola.

Gracias por aceptar mi “solicitud de amistad” hace más de diez años.


Y... ¡FELIZ VIGÉSIMO ALGO CUMPLEAÑOS!



Nota: Los nombres y fotografías fueron cambiados para proteger la identidad de las personas o imágenes involucradas. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

sábado, mayo 30, 2009

¿Quién sufre más?

YO [TAMBIÉN] SUFRÍ MÁS… ¿?


Foto: sky in colours


I.
Muchos pensamos que somos nosotros, en primera persona (yo), los que más sufrimos. Pase lo que pase, sea lo que sea: desde una decepción amorosa hasta la muerte de un familiar cercano. Esto que nos pasa, según el yo, es lo más decepcionante, desastroso y doloroso que puede pasar en la vida. Según el yo, somos los que más sufrimos o los que más lloramos.

¿Quién no ha dicho alguna vez: “yo sufrí más”? ¿Quién no ha repetido incansables –y hartantes- veces: “lo que me pasó fue lo peor”? Egoístamente repetimos, para nosotros y para todos, que como “yo” nadie ha llorado o como a “mí”, nadie ha lastimado.

Hay quienes compiten por el primer puesto en la categoría: El que más ha sufrido en la vida; comparan la pérdida de su padre con la pérdida de la madre de la vecina; comparan sus cuernos con los cuernos del vecino, comparan sus lágrimas con las lágrimas de la amiga, comparan su dolor con el dolor del amigo. O tratan de desmerecer el dolor ajeno diciendo “a mí me abandonó estando embarazada, a ti solo te abandonó con un hijo adolescente”.

Creo que todos los que sufrimos, lloramos y nos deprimimos, sea por lo que sea, estamos al mismo “nivel”. Las lágrimas no entienden de grados de dolor, brotan incontrolablemente de nuestros ojos sin un censor que les diga: ALTO, tu dolor es de nivel uno. Absurdo.

La susceptibilidad, por el contrario, sí tiene niveles. Habemos personas que somos menos susceptibles que otras. Y mientras unos dicen “No lo podré olvidar jamás” las otras decimos “Con el tiempo se me pasará”. Si lloramos, rompemos recuerdos o vilipendiamos contra el -o la- culpable, solo lo haremos una vez, los otros se lamentarán por meses su “desdicha” y “desgracia”.

II.
Con esto no quiero decir que aquellos pobres niños de la India o de África (y de todas aquellas sociedades hambrientas y explotadas) sufran poco o que su dolor y miseria pueda ser comparado con la sacada de vuelta de un sinvergüenza. Ese dolor físico y psicológico que sufren los pueblos olvidados por las grandes y pequeñas potencias obviamente no se puede comparar ni subestimar. Sería mezquina si aplico mi anterior teoría en estos casos.

Ese dolor sí tiene un nivel, ese sufrimiento se expande hasta su cuerpo, su mente y deja individuos marcados, inestables emocionalmente. Una pérdida fraternal o una decepción amorosa no se pueden comparar con toda una vida en decadencia. Ellos sí sufren más. Yo cada vez que empiezo a quejarme de mis “desdichas” o lamentarme de mis malas decisiones los recuerdo y callo-aguanto.

III.
Hace poco, despolvando en mi caja musical del disco D: de mi PC, redescubrí una canción que al tocarla produjo un alud de recuerdos. Lo curioso es que no solo pensé en mi, otrora, dolor, sino también, en los de una segunda persona.
¿Quién no tiene un amigo con el que coincide en historias? ¿O un hermano o primo que al contarte lo que LE pasó te hace recordar lo que TE pasó. Esa persona que al decirte lo mucho que le duele el rechazo, abandono, desprecio o mentira de un tercero, activa un dispositivo imaginario de reward en tu mente, trayendo a tu presente imágenes y sonidos de tu pasado.

En estos casos ninguna de las dos puede decir “Nadie entiende lo que siento” o “Como yo, nadie ha sufrido” (ya hasta parece una frase de canción a lo como yo, nadie te ha amado) porque al compartir una misma experiencia, que casi parece cortada con el mismo molde y tijeras, el sentimiento post hechos será el mismo. Si alguna de las dos personas negamos haberla pasado mal, mentimos. Salvo que, alguna, tenga el corazón de piedra.

IV.
Para demostrar que no hay niveles de dolor y que en muchos casos los amigos compartimos -lo que llamo- “capítulos mal escritos” están las canciones que en esos momentos hacemos nuestras. Letras que al parecer fueron escritas solo para nosotros (io), millones de nosotros (noi). Al pensarlo más de una vez, nos damos cuenta que fueron escritas porque el dolor de un corazón roto es el mismo que el de uno estrujado y el “yo sufrí más” no existe. Lo que te pasó también me pasó, a mí o a decenas más.

Yo sé que a tus amigos vas diciendo que ya no te importa más de mí.
Que el tiempo al lado mío es un capitulo concluido sin final feliz.

Hay de aquellos desvergonzados (como diría mi mamá) e ingratos que olvidan, de la noche a la mañana, que tú estuviste en sus vidas. Deberían pasar la receta, aunque debo adivinarla: un kilo de desfachatez, medio kilo de ingratitud y otro medio de desconsideración. O bien juraron amarte por el resto de su vida o bien fingieron ofrecerte su amistad sincera. Hoy, meses o años después, si te veo no me acuerdo y lo que es peor, rajan de tu actitud -o de toda tú- con quien les pregunte qué fue de tu vida.

Yo sé que esa mujer, a quien le das lo que jamás quisiste darme a mí,
se atreve a comentar que yo no tengo dignidad, que me tiene piedad.


Y aunque nos cueste aceptarlo, estos pinochos se entregan, de nuevo, a otras personas; no podemos asegurar que también les mientan, tal vez sí, tal vez no. Quizás, algún día, se enamoren en serio y se entreguen en serio; quizá mañana otorguen una amistad sincera a otra persona, sin mentiras ni patrañas. Lo que sí es seguro es que con nosotros no sucedió así.

Tal vez yo deba resignarme y no llamarte más;
Tal vez yo deba respetarme y no rogarte más;
Tal vez deba dejar, con toda dignidad, que vivan su romance en paz.

No sé quien de los dos es el que está perdiendo más
No sé si te das cuenta con la estupida que estás
Yo sé que no podrá, quererte como yo, así no te amará jamás…

Y regresamos al principio…
¿Cuán seguros estamos de que “como yo, nadie te ha amado ni te amará” o que “Como yo, nadie ha sufrido ni sufrirá”?

En lo que respecta a mí, mis sentimientos NO tienen un censor. Sufro, lloro, amo y entrego sin fijarme en cómo lo han hecho, o lo hacen, los demás.
^
Para quien quiera oír a la gran Amanda Miguel en su despechado tema "Así no te amarán jamás"
^
^
^

martes, marzo 24, 2009

SOLO SOMOS CHICAS

SOLO SOMOS CHICAS

Tengo más de dos buenas amigas.
Tengo seis con las que prácticamente crecí.
Durante el recreo éramos el número perfecto.
Mi favorito.
Aunque resulte impar
Siempre nos la arreglamos a la hora de repartir.
Nunca nos peleamos por frivolidades
Ni nos creímos indomables
Y aunque pasamos la veintena
La infancia nos reclama desde donde quedó
Recordamos aquellos juegos que disfrutamos:
Haciéndolos.
San Miguel o Siete Pecados
Twister o Monopolio
Las escondidas o Mata Gente
La Barbie o las muñecas
Quedaron atrás hace mucho
Pero uno que otro
Nunca será para menores de veinte.

Hoy el grupo de BF4E
-Sí suena cursi y hasta “barbiesco”-
Aumentó
Dos o tres se incorporan
Pero el sentimiento no se altera
Y una noche en la que
Las películas ya no nos asustan
Decidimos abrirle la puerta al pasado
Con un tablero de más de diez años
Solo entre Chicas
Ese es el juego
Y a las finales,
En nuestras reuniones de féminas,
Es lo único que hay:
Chicas

Una ruleta
Varias preguntas
Que si te gusta un chico
Que si quisieras ser alguien más
Que cuál es tu mayor vergüenza
Que cómo fue tu primer beso
Preguntas cuya respuesta ya fue confiada
Sin siquiera hacer girar la ruleta
Un acné adhesivo para quien no quiera responderla
O una tarjeta que describa lo que,
Tus amigas creen,
Eres tú.

*Le encanta leer
*Sería muy buena doctora
*Se puede confiar en ella
*Se le puede confiar un secreto
*Imaginación ágil
*Se duerme muy tarde
*Llora fácilmente
*Le encanta el teléfono
*Se ríe chistoso
*Sabe lo que quiere
*Talentos artísticos escondidos
*Su risa es contagiosa
*Siempre tiene buenas ideas
*Le encanta hacer bromas
*No se despega de la televisión
*Tiene talento para la música
*Muy creativa
*Le encanta coquetear
*Siempre tiene una respuesta
*Le encanta escribir

Al fin y al cabo
Ellas me conocen
-me atrevo a decir-
Más que yo…
Por algo son mi BF4E ¿no?
Y sí, lo cursi predomina y ¿qué?
Es el sentimiento...

La última vez que -entiéndase sanamente- dormimos juntas.

Se suponía que no debíamos dormir. F fue la primera. R, A y J cumplieron la consigna. Nostalgia ver mi antiguo cuarto con mis cosas a medio embalar :(

miércoles, julio 23, 2008

DIÁS RIPLEY

DÍAS R, DE RIPLEY... AUNQUE USTED NO LO CREA


Todos los meses llega un día en el cual prefiero quedarme en cama hasta que mi estómago pida a gritos, mejor dicho a gruñidos, algo por comer, preferible un chocolate o cualquier dulce.

Ese día siento fuertes dolores de cintura, de cabeza, de cadera, de espalda, de vientre bajo y hasta dolor de uñas. Dolores que traen consigo un leve ardor en los ojos y un pequeño lagrimeo, pero no se preocupen, para lo que suelo llorar, este sí que es pequeño.

Como si los planetas se hubieran alineado especialmente para eso, una no puede estar tranquila en su cama ¿o debo decir: retorciéndose de dolor en su cama? Sino que tiene que hacer de niñera, prepararse su propia comida porque justo ese día mamá, papá y hasta abuelita salieron a pasear las calles, terminar un trabajo de investigación para el cual tuviste más de un mes y se te ocurrió atrasarlo, atrasarlo y… atrasarlo, alimentar a las mascotas, las que no son pocas: una tortuga, trece canarios, dos perras y cuatro hamsters y por si fuera poco todo lo anterior, tienes que vestirte de manera decente para ir a la universidad, lo que conlleva a ponerte un pantalón que -de seguro- difícilmente te cerrará. Y todo, todito, preferible de color negro u oscuro y lo más ancho posible. ¡Qué horror!

Durante esos pocos días del mes -pocos pero interminables- las noches se convierten en día y el día sigue siendo día, es decir, NO DUERMES, no porque te entretengas leyendo una novela de misterio o viendo una maratón de películas románticas. ¡NO! sino porque los dolores no te dejan cerrar los ojos y si los cierras será como muestra de sufrimiento, tienes que mantener una misma posición durante tanto tiempo que todo el cuerpo se adormecerá y terminarás pidiéndole a papá Dios –y a quien quiera que sea el tuyo- que te quite aquel dolor, que lo cambie por un dolor de muela, por uno de garganta, por uno de uñero, por uno de cabeza o por los cuatro juntos. A cambio, prometes, serle fiel por el resto de tu vida e ir a la iglesia tres veces a la semana. Y cuando por fin Él escucha –y ve- tu sufrimiento, la calma llega a ti, te adormilas, empiezas a ser recibida por Morfeo en una tranquila calma y ¡zas! el despertador de tu hermana, con la que compartes la pieza, suena estridentemente a medio metro tuyo. Y todo comienza de nuevo, un círculo tortuoso que deseas con toda el alma romper.


Días antes de la semana marcada en el calendario como los “Días R” -no, no son referentes a los “Días R Ripley”, las mujeres no marcamos en nuestra agenda los días de descuentos o ¿si?, al menos yo no- días d la ‘R’egla (para que lo entiendan). Antes de esa semana odiosa, nos atiborramos de pastillas, cada día una diferente, cada ocho, seis y hasta cuatro horas. Pastillas que irán a parar a nuestro estómago sin siquiera pretender cumplir su misión. Hasta las pastillas de Vitamina C hacen su trabajo, estas que se jactan de hacernos la vida más simple, de desinflamarnos y ayudarnos a transcurrir los días como si nada pasara. Estas mismas son una estafa. Una verdadera patraña.

Durante el transcurso de esta oscura semana se te olvida que tienes familia, amigos y pareja, y si los recuerdas, no los quieres ver. La mínima broma de tu hermano menor te altera, el mínimo favor que te pide tu amiga de la infancia te sulfura y el mínimo reclamo que te hace tu pareja te vuelve Hulk en su mejor versión femenina. Durante estos días, si ves al novio te comportas lo más caprichosa posible y si no lo ves, mejor, te alteraría hacerlo. Aunque después le reclamas su ausencia como si fuera el ser más desconsiderado del universo. Sí, con esto acepto que una misma se contradice ¡¿y qué?! ¿Acaso ustedes, los hombres, no lo hacen? El que diga que no, miente. Todos los seres humanos nos contradecimos alguna vez en la vida, en nuestro género es en plural: algunas veces. Repito: ¿y qué?

Ni qué decir de los consejos de la abuela, de la mamá, de la madrina y hasta de la hermana, cuanta mujer se cruza por tu camino te dirá lo mismo “No tomes bebidas heladas”, “Ni se te ocurra comer helado”, “Es malo que comas naranja o limón, ningún cítrico es bueno, ¡Ah! Y aléjate del ají”, “Para que desinflames los ovarios toma mate de orégano y apio, ahorita te subo uno” y “Ponte la bolsa de agua caliente sobre el vientre”. A los tres primeros los considero un mito, el cuarto me da náuseas y me suelta el estómago, de lejos me alivia. Y el último, pues ese es el único que considero verdadero, aunque me achicharre la panza soportando calenturas que podrían pelar un plumífero.

Lo más espeluznante de esa semana son los posibles “desbordes”. Para que esta pesadilla no se haga realidad se evitan los movimientos bruscos, el echarse en alguna banca de la universidad, el sentarse en cuclillas y ni qué decir en posición de yoga. Nos martirizamos –y de paso martirizamos a los amigos y amigas o a la persona de confianza que esté más cerca- preguntando cada tres minutos “¿puedes ver si me manché?”. ¡Puag!

Nunca me ha llegado la “delgada línea roja” sin dolores previos -gracias al Altísimo- estas molestias previas me han servido para ser precavida y así surtirme de buena cantidad de TH (Toallas Higiénicas) tanto en el baño y en la cartera como en mi cuerpo, pero sé de casos de pobres inocentes que han pasado más de un aprieto, he oído las historias más increíbles de boca de muchas y hasta he ayudado a pocas. Dicen que en el dolor, hermanas. ¡Vaya que lo sé!

Y como si todo lo que pasamos durante estos días fuera poco, hay ocasiones que esta maldición llega como una avalancha, con todo lo peor de golpe; aparte del típico retorcijón en el bajo vientre, nos da náuseas, dolor de cabeza, mareos, arcadas, vinagrera, escalofríos, la presión baja y algunas hasta se desmayan. Nuestros familiares quieren correr con nosotras a emergencias para que nos revivan o reanimen, pero nosotras sabemos que hagan lo que hagan los eruditos de bata blanca ¡NUNCA PODRÁN DETENER EL DOLOR!




Hace poco esta semana de “descuentos” -por no decir de aumentos de dolor, de malestar y de mal humor- casi me convierte en asesina, ¡por partida doble! Primero, mi hermano menor se sienta a mi lado en la cama y dice: “me duele la panza, ¿qué es peor, mi dolor de panza o tu dolor de panza?” Luego de explicarle lo que siento –descrito líneas arriba- y con un gesto de ironía preguntarle: “¿qué crees tú?”. Él, con cara de dolor, responde: “creo que tu dolor de panza es peor, no quisiera ser mujer” Y aunque deban pensar que soy una exagerada y que debí besarlo y abrazarlo por considerarlo así, quise agarrarlo del pescuezo y decirle: “Sí tarado, ¡es peor! Suerte tienes de haber nacido hombre, todos ustedes deberían sufrir esto aunque sea un día, es injusto que nosotras a parte de cargar una panza durante nueve meses, dar a luz y criar hijos por el resto de nuestras vidas tengamos que desgarrarnos de dolor y no recibir nada por ello” Pero no dije nada. Bueno sí dije algo: “tráeme un chocolate y mi bolsa eléctrica”, una hermosura que se conecta al interruptor, cuenta con diferentes velocidades y puede calentar hasta a un esquimal.

Un par de días después, llegó la segunda víctima. Mientras mi malestar físico estaba adormecido, mi adicción por leer mi bandeja de entrada me estimuló a sentarme frente al escritorio, un mail decía: “conéctate” le hice caso para luego arrepentirme, al cabo de cinco minutos se inició una lucha de intercambio de ideas, tras una descarga mía, un “de seguro estás con tu SPM” salió de él. Deseé tenerlo cerca y degollarlo lentamente, en vez de eso dije: “No tarado, eso es antes ¡Yo estoy con el SM! ¿Por qué cuando las mujeres estamos a la defensiva, agudas o sulfuradas los hombres atribuyen nuestro comportamiento al Síndrome Premenstrual? Para tu información el mío es Síndrome Menstrual, es antes, durante y después y, a menos que me traigas tres docenas de mi chocolate preferido, no quiero ni verte, hablarte u oírte. ¿Así pretendes que salga contigo? Ni a la esquina con un presuntuoso como tú, ¿por qué no vas en busca de una menopáusica? o peor aún ¿por qué eres hombre? ¡Rayos, quién como tú! ¡Sí, te envidio! ¡Te envidio el cuerpo, te envidio el organismo y hasta la conchudez! ¿Y? Adiós”

De este modo hombres, queda ejemplificada la razón de nuestro mal humor, de nuestra sensibilidad, de nuestras respuestas ásperas. Tomen nota, vayan aprendiendo, cuando nos quieran decir “seguro estás en tus días” o si son más audaces y quieren nombrar al SPM, ya saben cómo reaccionaremos las mujeres. Absténganse de hacerlo.

Y si saben leer bien, les di –gratis- el truco para apaciguar a algunas fieras o para ser perdonados por otras durante este penoso y maldito trance.

Después no digan que no se lo advertimos, debería estar escrito en los libros de texto que reparten en los colegios públicos y en los que piden en los privados, en la unidad “Cuerpo Humano” en el apartado femenino, diagramadores hagan un recuadro y pongan en negrita, todo en caja alta, lo siguiente: La mayoría de mujeres, durante su ciclo menstrual no quiere ser presionada, ni comparada, ni criticada y mucho menos alterada por ningún otro ser humano. Abstenerse de pedirle, exigirle o reprocharle algo porque ellas no serán amables y si hay alguna que usted conozca que sí lo sea, usted es una persona con suerte, el resto de desafortunados solo encargarse de que ella olvide esta maldición con una taza de cariños, tres de consideraciones, un kilo –o más- de paciencia y una docena –como mínimo- de chocolates.

Un último pedido, dirigido al Legislativo: Establezcan una ley que prohíba la asistencia de las mujeres a sus centros laborales y de estudios durante su ciclo menstrual ¡por favor! Créeme país, evitaríamos migrañas, mujeres devastadas, trabajos mal hechos o hechos a malas y relaciones laborales o estudiantiles deshechas. Claro, los “mandamases” pueden reportarse enfermos, el resto de simples mortales tenemos que aguantarnos. Y así tienen la con-chudes de decirnos: “eres tan complicada, no te entiendo” ya dije y lo repito ¡Qué envidia su organismo y su falta de sangre en la cara!

¡Qué vida, la nuestra mujeres! Y de todo esto la culpa es de Eva. ¡Una del género nos traicionó! Solo me resta decir: ¡Jum!



Fotos: Gracias Internet


martes, junio 24, 2008

Yo amo a mi mami... y a mi papi

Mayo da paso a junio. Mi mami le da pase a mi papi. Una mujer le da pase a un hombre. Un mes femenino le da pase a un mes masculino. Pues es así como siento a mayo, un mes cálido, suave, dinámico y femenino. Y es así como siento a junio, un mes frío, duro, lento y masculino.

En mayo nosotros (a decir verdad la mayoría lo hizo mi papi) preparamos una deliciosa parrillada, agasajar a la reina de la casa no fue difícil, ni cansado y mucho menos una obligación. En junio nosotros (como seguimos diciendo la verdad, debo admitir que la mayoría lo hizo mi mami) preparamos un nutriente asado. En ambos meses compramos regalos, los forramos meticulosamente, decoramos la sala con carteles tipo “Feliz Día Mamita/Papito”, pegamos globos en el techo y paredes –todo esto de madrugada para darles la “sorpresa” a la mañana siguiente- y nos levantamos temprano para servir el desayuno. (Como hoy estoy diciendo la verdad, yo dormí hasta la hora de almuerzo).

Todos llenamos la barriga hasta más no poder, nos sacamos fotos en familia –más por tradición que por figuretismo- y ellos abren sus regalos con natural emoción pues no tuvieron que soltar ningún sol para comprarlo. Aquí debo confesar que es ÉL quien suelta los soles para ELLA y viceversa, aunque el regalo diga: De TODOS, Para Mamá/Papá.

¿Quién estableció el Día de la Madre y el Día del Padre en mi país? Ahora no lo recuerdo. Nota mental: Averiguarlo o recordarlo. Pues quien lo haya hecho, sutilmente estableció la prioridad del hogar: la madre. Primero (un segundo domingo) son ellas a quienes se celebra, después son ellos los dueños de nuestro mejor agasajo, y para rematarla van de terceros (por el tercer domingo). Pero eso no importa, en mi casa, en mi familia y en mi corazón ambos empatan en un primer lugar.

Es mi madre quien:
- Se desvela noches enteras y consecutivas por velar mi sueño.
- Me frota el pecho con eucalipto cuando el resfrío me visita o los músculos con un líquido verde cuando el frío hace su aparición.
- Prepara los mejores potajes a diario y se esmera aún más cuando el calendario marca algún cumpleaños.
- Habla con los novios con total naturalidad, como si estuviera hablando con mi hermano menor.
- Mantiene la casa limpia y ordenada, a veces ella sola cuando falta la persona que la ayuda.
- Teje las mejores chalinas, chompas, gorros, guantes y escarpines que pueden adornar mi anatomía.
- Pinta paisajes y situaciones tan cotidianas de la manera más natural posible y la más hermosa en la categoría de las autodidactas. Muchas veces me imagino qué bellezas plasmaría si Bellas Artes hubiera visitado.- Hace el mejor laceado de cabello, gracias a ella en innumerables ocasiones me he ahorrado veinte soles de peluquería o tan solo me he dado el gusto de ser lacea un par de días.
- Borda los más bonitos manteles y toallas con las más coloridas cintas.
- Teje los mejores tapetes a crochet que he visto hasta ahora y que aunque quiera no puedo imitar.
- Lee los libros más actualizados sobre crianza de niños y adolescentes.
- Prefiere actualizar nuestro guarda ropas que el suyo.
- Respeta nuestros gustos de animales, colores, personas y cosas.
- Todas las noches junta nuestros cachivaches desparramados por la casa y los lleva a un lugar estratégico, lugar en dónde sabemos que encontraremos los “objetos perdidos”.
- Nos despierta temprano a la mañana, nos prepara el desayuno y la lonchera y nos despide en la movilidad.
- Nos acompaña a donde sea, cuando sea, a la hora que sea y como sea. Aunque sea (excusas por el excesivo sea) a la bodega de la esquina a comprar un “Cheese tris” de ‘sol’ a las 11 p.m. o un helado “Sin Parar” a la media noche.
- Me compra las más potentes pastillas y me prepara los más poderosos mates cuando el periodo menstrual me llega.
- Soba el codo de mi padre o exige de manera sutil que él me compre un pantalón nuevo.
- Y es ella la única que acude a mi grito de: “¡¡mamá!!” en todo momento, desde cuando se me está por caer una olla encima hasta cuando le quiero pedir que apague la terma.

Es mi padre quien:
- Me lleva a todo lugar en su carro, prometiéndome que muy pronto me enseñará a manejar un auto con caja mecánica.
- Me compra algún antojo para mí sola cuando somos los únicos que salimos a la calle. En pocas ocasiones lleva para sus otros vástagos. Su ley debe ser “El que sale, sale ganando”.
- Me hace esperar varios minutos cuando algo me urge y me saca a rastras de la casa cuando algo le urge a él.
- Pide llevar a los “amigos” –forma sutil como él llama a los novios o galanes- a la casa para que él los conozca e intercambien palabras, en otra forma de decirlo: para que los analice.
- Oye muy bien las cosas cuando le conviene, la otra mayoría de ocasiones suelta hasta dos “¿qué?” luego de un pedido mío, en especial cuando se trata de dinero.
- Me compra los mejores libros, desde los más aburridos y originales hasta los más atractivos y bambas.
- Se niega a comprarme algún antojo cuando peco de viciosa, es entonces cuando le pido prestado prometiendo pagarle en casa porque “no cargué la billetera”, debo confesar que en más de una ocasión lo timé, llegando, él, a olvidar los “pequeños” préstamos. Yo aún los recuerdo y prometo pagárselos cuando mi sueldo tenga más de tres cifras.
- Me pagó la carrera y prometió seguir costeándome los estudios hasta que su bolsillo lo permita y hasta que mi cerebro así lo requiera.
- Me pide que le corrija la ortografía y gramática de cada una de sus cartas antes de enviarlas y de sus proyectos antes de imprimirlos.
- Me regala toda aquella chulería que a él le han regalado y que a mí me ha gustado.
- Me da propinas ajustadas cada vez que salgo con amigos, pero suelta buenas cantidades cuando de bolsa de viaje estamos hablando.
- Prometió llevarme en 1997 a Acapulco, luego –ese año- dijo que la promesa era para el 2007... El año pasado me pidió que sea yo quien lo lleve a él. Le he prometido que lo llevaré en el 2017 o tal vez en el 27.
- Guarda un montón de fotografías tamaño carné en su tarjetero, todas son de su esposa (mi mamá), de sus hijos (mis hermanos) y de su primogénita (yo).
- Rogó, como buen militar, porque yo nazca el 27 de noviembre, Día de la Infantería. Al parecer le faltó pedir un poquito más, yo nací al día siguiente.
- “Me coyeteaba con la coyea” cuando yo tenía apenas tres años de edad... esta fue una vil mentira dicha por una exagerada infanta a un crédulo General. El resultado: un oficial rojo de vergüenza desmintiendo tal exageración a su superior.
- Guarda meticulosamente su ropa en el clóset o en la cómoda, la sacude antes de guardarla y antes de usarla, la dobla sin arrugas y se la pone más de una vez.
- Pone en fila sus zapatos, sea en su cuarto o en la zapatera, los mantiene brillosos, limpios y nuevos.
- Bota todo lo que encuentra sin preguntar de quién es o para qué sirve, en más de una ocasión ha tenido que rescatar nuestros tesoros de la bolsa de basura. Creo que ahora, con el tiempo, pregunta antes de llenar la bolsa de desperdicios.
- Conoce la casa de mis amigos y amigas cercanos, recuerda sus nombres y aunque algunos no los pronuncia bien me lleva a su encuentro cuando se lo pido y me pregunta qué es de su vida porque en verdad le interesa.
- Y es él el único hombre que siempre estará para cuando lo necesite, a la hora que sea, así hayamos discutido hace dos minutos. Y el único hombre que me querrá por siempre y que perdonará mis ataques momentáneos de locura. El único para el que yo seré su princesa, no de cuento, sino real.

Y ella es mi mami (Alicia) y él es mi papi (Juan). Y aunque muchas veces no los entienda o ellos no me entiendan a mí, los amo a ambos por igual y de ambos estoy orgullosa.
No son perfectos pero intentan serlo. Y yo para ellos, también.