
Sueño con que tu aroma acaricie mi corazón
εϊз Inspired by Captivating.


Él mintió
No cumplió su palabra y no me buscó
Su silencio mató todo aquel sentimiento que jugaba a hacerse real
Su pasado siempre latió en su presente
Su presente fui yo pero su futuro otra más.
Él mintió
Sus labios pronunciaron patrañas que intentaron sonar a verdad
Pero cuando se unieron a los míos
Candentes y expectantes
Se olvidaron de qué era hablar o pensar.
Él mintió
Mientras sus ojos inspiraron mi sueño más real
Sus manos tocaron la fibra sensible de mi corazón
Y su boca dibujó mariposas en el lienzo sedoso de mi desnudez.
Él mintió
Dejó la luz prendida y un semáforo en ámbar
En una pista con un solo peatón: yo
Jugó a ser maduro y dejar la idiotez
Pero su polarizado corazón nunca se dejó ver.
Él mintió
Nunca dejó que lo adorara pero él si me adoró
Con canciones, poemas y novelas que me dedicó
Desde ese ayer atormenta mis sueños y lo peor
Es que despierto de muy buen humor
Aunque no lo haya vuelto a ver.
Él mintió
Fue el rey de las historias creadas
Solo para excusar su descontrol
Aunque en público se controló
Solo porque lo nuestro era un montaje
Simple y complicado montaje.
Él mintió
En su mirada la decepción era la única que se reflejaba
Llegué a pensar que se sentía solo
Y cerraba los ojos y con su boca me demostraba que no era eso
Era la caprichosa locura que moría por derretir a la soledad.
Él mintió
Me dijo que no se podía vivir del amor
Que cuatro letras no valían lo que siete sí
Y ahora pienso: ¿para qué perseguir su amor?
Sin él estoy bien pero sé que conmigo él estaría mejor.
Él mintió
Me empujó hacia una maratón que no tiene cuando acabar
Cada mañana cada noche, siempre igual.
Hizo su elección y a las semanas rebobinó su grabado corazón
Fue tarde...
Él mintió
Estaba presente: reía, me besaba, cantaba y me abrazaba.
Era feliz
Feliz él conmigo y yo con él
Feliz durante una estación que para ambos fue un amor.
Él mintió
Gritaba, se ofuscaba, encolerizaba y volvía a gritar
Desesperado pedía perdón
Su sonrisa y sus labios eran su mejor arma de persuasión
Bendito tramposo.
Él mintió
Deseaba llegar cansado al ocaso de nuestro encuentro
No quería soñar con un futuro
Ni pensar en un formalismo que pondría fin a nuestra historia
Porque detrás de ella se escondía a dos amigos.
Él mintió
Nunca dijo que me pertenecía
Nunca dijo que sin mí se moría
Mientras que yo se lo repetía
En el lenguaje de gestos y señales
Mudos y tontos los dos.
Él mintió
Y todo murió entre los dos
Y todo se derrumbó alrededor
Dejándonos desnudos
Sin mentiras y con recuerdos
Con verdades y sin sueños
Él mintió
Me empecino en creer
Que fue él quien mintió
Porque la mentirosa
Fui yo.
Él no mintió
No me dijo que amaba
Simplemente, porque no era verdad.
εϊз Inspired by Alguna que otra canción.
Nota: Los nombres y fotografías fueron cambiados para proteger la identidad de las personas o imágenes involucradas. Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.
Foto: sky in colours
Tengo más de dos buenas amigas.
Tengo seis con las que prácticamente crecí.
Durante el recreo éramos el número perfecto.
Mi favorito.
Aunque resulte impar
Siempre nos la arreglamos a la hora de repartir.
Nunca nos peleamos por frivolidades
Ni nos creímos indomables
Y aunque pasamos la veintena
La infancia nos reclama desde donde quedó
Recordamos aquellos juegos que disfrutamos:
Haciéndolos.
San Miguel o Siete Pecados
Twister o Monopolio
Las escondidas o Mata Gente
La Barbie o las muñecas
Quedaron atrás hace mucho
Pero uno que otro
Nunca será para menores de veinte.
Hoy el grupo de BF4E
-Sí suena cursi y hasta “barbiesco”-
Aumentó
Dos o tres se incorporan
Pero el sentimiento no se altera
Y una noche en la que
Las películas ya no nos asustan
Decidimos abrirle la puerta al pasado
Con un tablero de más de diez años
Solo entre Chicas
Ese es el juego
Y a las finales,
En nuestras reuniones de féminas,
Es lo único que hay:
Chicas
Una ruleta
Varias preguntas
Que si te gusta un chico
Que si quisieras ser alguien más
Que cuál es tu mayor vergüenza
Que cómo fue tu primer beso
Preguntas cuya respuesta ya fue confiada
Sin siquiera hacer girar la ruleta
Un acné adhesivo para quien no quiera responderla
O una tarjeta que describa lo que,
Tus amigas creen,
Eres tú.
*Le encanta leer
*Sería muy buena doctora
*Se puede confiar en ella
*Se le puede confiar un secreto
*Imaginación ágil
*Se duerme muy tarde
*Llora fácilmente
*Le encanta el teléfono
*Se ríe chistoso
*Sabe lo que quiere
*Talentos artísticos escondidos
*Su risa es contagiosa
*Siempre tiene buenas ideas
*Le encanta hacer bromas
*No se despega de la televisión
*Tiene talento para la música
*Muy creativa
*Le encanta coquetear
*Siempre tiene una respuesta
*Le encanta escribir
Al fin y al cabo
Ellas me conocen
-me atrevo a decir-
Más que yo…
Por algo son mi BF4E ¿no?
Y sí, lo cursi predomina y ¿qué?
Es el sentimiento...
La última vez que -entiéndase sanamente- dormimos juntas.
Se suponía que no debíamos dormir. F fue la primera. R, A y J cumplieron la consigna. Nostalgia ver mi antiguo cuarto con mis cosas a medio embalar :(

Días antes de la semana marcada en el calendario como los “Días R” -no, no son referentes a los “Días R Ripley”, las mujeres no marcamos en nuestra agenda los días de descuentos o ¿si?, al menos yo no- días d la ‘R’egla (para que lo entiendan). Antes de esa semana odiosa, nos atiborramos de pastillas, cada día una diferente, cada ocho, seis y hasta cuatro horas. Pastillas que irán a parar a nuestro estómago sin siquiera pretender cumplir su misión. Hasta las pastillas de Vitamina C hacen su trabajo, estas que se jactan de hacernos la vida más simple, de desinflamarnos y ayudarnos a transcurrir los días como si nada pasara. Estas mismas son una estafa. Una verdadera patraña.
Durante el transcurso de esta oscura semana se te olvida que tienes familia, amigos y pareja, y si los recuerdas, no los quieres ver. La mínima broma de tu hermano menor te altera, el mínimo favor que te pide tu amiga de la infancia te sulfura y el mínimo reclamo que te hace tu pareja te vuelve Hulk en su mejor versión femenina. Durante estos días, si ves al novio te comportas lo más caprichosa posible y si no lo ves, mejor, te alteraría hacerlo. Aunque después le reclamas su ausencia como si fuera el ser más desconsiderado del universo. Sí, con esto acepto que una misma se contradice ¡¿y qué?! ¿Acaso ustedes, los hombres, no lo hacen? El que diga que no, miente. Todos los seres humanos nos contradecimos alguna vez en la vida, en nuestro género es en plural: algunas veces. Repito: ¿y qué?
Ni qué decir de los consejos de la abuela, de la mamá, de la madrina y hasta de la hermana, cuanta mujer se cruza por tu camino te dirá lo mismo “No tomes bebidas heladas”, “Ni se te ocurra comer helado”, “Es malo que comas naranja o limón, ningún cítrico es bueno, ¡Ah! Y aléjate del ají”, “Para que desinflames los ovarios toma mate de orégano y apio, ahorita te subo uno” y “Ponte la bolsa de agua caliente sobre el vientre”. A los tres primeros los considero un mito, el cuarto me da náuseas y me suelta el estómago, de lejos me alivia. Y el último, pues ese es el único que considero verdadero, aunque me achicharre la panza soportando calenturas que podrían pelar un plumífero.
Lo más espeluznante de esa semana son los posibles “desbordes”. Para que esta pesadilla no se haga realidad se evitan los movimientos bruscos, el echarse en alguna banca de la universidad, el sentarse en cuclillas y ni qué decir en posición de yoga. Nos martirizamos –y de paso martirizamos a los amigos y amigas o a la persona de confianza que esté más cerca- preguntando cada tres minutos “¿puedes ver si me manché?”. ¡Puag!
Nunca me ha llegado la “delgada línea roja” sin dolores previos -gracias al Altísimo- estas molestias previas me han servido para ser precavida y así surtirme de buena cantidad de TH (Toallas Higiénicas) tanto en el baño y en la cartera como en mi cuerpo, pero sé de casos de pobres inocentes que han pasado más de un aprieto, he oído las historias más increíbles de boca de muchas y hasta he ayudado a pocas. Dicen que en el dolor, hermanas. ¡Vaya que lo sé!
Y como si todo lo que pasamos durante estos días fuera poco, hay ocasiones que esta maldición llega como una avalancha, con todo lo peor de golpe; aparte del típico retorcijón en el bajo vientre, nos da náuseas, dolor de cabeza, mareos, arcadas, vinagrera, escalofríos, la presión baja y algunas hasta se desmayan. Nuestros familiares quieren correr con nosotras a emergencias para que nos revivan o reanimen, pero nosotras sabemos que hagan lo que hagan los eruditos de bata blanca ¡NUNCA PODRÁN DETENER EL DOLOR!

Hace poco esta semana de “descuentos” -por no decir de aumentos de dolor, de malestar y de mal humor- casi me convierte en asesina, ¡por partida doble! Primero, mi hermano menor se sienta a mi lado en la cama y dice: “me duele la panza, ¿qué es peor, mi dolor de panza o tu dolor de panza?” Luego de explicarle lo que siento –descrito líneas arriba- y con un gesto de ironía preguntarle: “¿qué crees tú?”. Él, con cara de dolor, responde: “creo que tu dolor de panza es peor, no quisiera ser mujer” Y aunque deban pensar que soy una exagerada y que debí besarlo y abrazarlo por considerarlo así, quise agarrarlo del pescuezo y decirle: “Sí tarado, ¡es peor! Suerte tienes de haber nacido hombre, todos ustedes deberían sufrir esto aunque sea un día, es injusto que nosotras a parte de cargar una panza durante nueve meses, dar a luz y criar hijos por el resto de nuestras vidas tengamos que desgarrarnos de dolor y no recibir nada por ello” Pero no dije nada. Bueno sí dije algo: “tráeme un chocolate y mi bolsa eléctrica”, una hermosura que se conecta al interruptor, cuenta con diferentes velocidades y puede calentar hasta a un esquimal.
Un par de días después, llegó la segunda víctima. Mientras mi malestar físico estaba adormecido, mi adicción por leer mi bandeja de entrada me estimuló a sentarme frente al escritorio, un mail decía: “conéctate” le hice caso para luego arrepentirme, al cabo de cinco minutos se inició una lucha de intercambio de ideas, tras una descarga mía, un “de seguro estás con tu SPM” salió de él. Deseé tenerlo cerca y degollarlo lentamente, en vez de eso dije: “No tarado, eso es antes ¡Yo estoy con el SM! ¿Por qué cuando las mujeres estamos a la defensiva, agudas o sulfuradas los hombres atribuyen nuestro comportamiento al Síndrome Premenstrual? Para tu información el mío es Síndrome Menstrual, es antes, durante y después y, a menos que me traigas tres docenas de mi chocolate preferido, no quiero ni verte, hablarte u oírte. ¿Así pretendes que salga contigo? Ni a la esquina con un presuntuoso como tú, ¿por qué no vas en busca de una menopáusica? o peor aún ¿por qué eres hombre? ¡Rayos, quién como tú! ¡Sí, te envidio! ¡Te envidio el cuerpo, te envidio el organismo y hasta la conchudez! ¿Y? Adiós”
De este modo hombres, queda ejemplificada la razón de nuestro mal humor, de nuestra sensibilidad, de nuestras respuestas ásperas. Tomen nota, vayan aprendiendo, cuando nos quieran decir “seguro estás en tus días” o si son más audaces y quieren nombrar al SPM, ya saben cómo reaccionaremos las mujeres. Absténganse de hacerlo.
Y si saben leer bien, les di –gratis- el truco para apaciguar a algunas fieras o para ser perdonados por otras durante este penoso y maldito trance.
Después no digan que no se lo advertimos, debería estar escrito en los libros de texto que reparten en los colegios públicos y en los que piden en los privados, en la unidad “Cuerpo Humano” en el apartado femenino, diagramadores hagan un recuadro y pongan en negrita, todo en caja alta, lo siguiente: La mayoría de mujeres, durante su ciclo menstrual no quiere ser presionada, ni comparada, ni criticada y mucho menos alterada por ningún otro ser humano. Abstenerse de pedirle, exigirle o reprocharle algo porque ellas no serán amables y si hay alguna que usted conozca que sí lo sea, usted es una persona con suerte, el resto de desafortunados solo encargarse de que ella olvide esta maldición con una taza de cariños, tres de consideraciones, un kilo –o más- de paciencia y una docena –como mínimo- de chocolates.
Un último pedido, dirigido al Legislativo: Establezcan una ley que prohíba la asistencia de las mujeres a sus centros laborales y de estudios durante su ciclo menstrual ¡por favor! Créeme país, evitaríamos migrañas, mujeres devastadas, trabajos mal hechos o hechos a malas y relaciones laborales o estudiantiles deshechas. Claro, los “mandamases” pueden reportarse enfermos, el resto de simples mortales tenemos que aguantarnos. Y así tienen la con-chudes de decirnos: “eres tan complicada, no te entiendo” ya dije y lo repito ¡Qué envidia su organismo y su falta de sangre en la cara!
¡Qué vida, la nuestra mujeres! Y de todo esto la culpa es de Eva. ¡Una del género nos traicionó! Solo me resta decir: ¡Jum!